50 millones para pagar la obsesión de Mafe con Briceño
Sus 43 textos propios sobre él sumaron 3.060.617 vistas y 103.715 me gusta, más que los 130 que escribió sobre su agenda de género. Tiene 175.295 seguidores más que Briceño, pero él consigue 3,2 veces sus vistas en cada publicación típica, y hablar de él es lo que casi le duplica esa cifra.
Habla más de Briceño que de cualquiera de sus proyectos, con 78 publicaciones frente a 24 del Sistema Nacional de Cuidado, su iniciativa más nombrada.
Briceño funciona como el mejor imán de audiencia entre las figuras que ella más nombra, y las cifras lo muestran en dos planos. Sus textos sobre él llegan a más gente que el resto, y ella hace más para que circulen, porque lo etiqueta, se retrina y le dedica mucho más de lo que él le dedica a ella.
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Lo etiqueta con su cuenta en 30 de sus 43 textos sobre él. Sus 18 originales y citas con esa etiqueta tienen 61.427 vistas de mediana.
Se retrinó a sí misma 10 veces con contenidos sobre él, y ninguna señal muestra tan directo que ella misma los empuja.
Ella publicó 78 veces sobre él y él publicó 18 sobre ella. En texto propio la diferencia es de 43 a 3.
Con 468.151 seguidores frente a 292.856, ella marca 27.045 vistas de mediana y él marca 87.181 desde el 7 de agosto.
Estas cifras muestran cuánto le rinde hablar de Briceño y cómo amplifica esos contenidos, pero no prueban qué busca con ello. Parte del alcance viene de la audiencia de él y de la polémica de cada cruce, y las muestras son pequeñas, con 26 originales y citas y 8 respuestas.
La obsesión por Briceño también se nota en el Congreso. Carrascal lleva el pleito a la plenaria con una foto de las 3:16 p. m. para reclamarle un turno, lo interrumpe con un «¡Usted no manda, señor Briceño!», anuncia que responderá ante la Comisión de Ética y hasta le reprocha que poco le sostiene la mirada. Cuatro canales de YouTube ya usan la palabra obsesión en sus títulos, y los 32 videos de esta pelea suman 1.148.647 vistas. Toque cada tarjeta para ver el video completo en YouTube.
La primera llegó el 28 de julio y desde entonces la cuenta no lo ha soltado, porque la pausa más larga duró 12 días, entre el 18 y el 30 de octubre. Cuando Briceño entra a la conversación de la cuenta, lo hace en bloque.
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A juicio de este especial, Carrascal practica una ceguera voluntaria frente a las dictaduras de izquierda. Viajó a La Habana en 2025 para un foro de hermandad colombo-cubana y volvió en 2026 con el Convoy Nuestra América, se reunió con el embajador de Cuba y llama a la isla un país asediado. En los 57 textos propios recuperados que mencionan a Cuba no hay una sola denuncia por los presos políticos. Nombró el autoritarismo y la represión una sola vez, en 2021, y en la misma frase pasó a exigir que se levantara el bloqueo.
Con Venezuela guardó un silencio cómplice ante el robo de las elecciones de 2024. El Centro Carter concluyó que esa elección no podía considerarse democrática y los expertos de la ONU dijeron que el CNE incumplió las medidas básicas de transparencia e integridad. Carrascal escribió el día de la votación que no le pidieran respaldar a María Corina Machado, dos días después puso en el mismo plano a quienes se declararon ganadores y a quienes denunciaron fraude, y diez días después ironizó con que veía a medios y opinadores ocupados con Venezuela. En sus 139 textos sobre ese país desde 2019 no aparece uno que llame dictador a Maduro ni fraude a esa elección, y 23 nombran a la oposición venezolana o a sus líderes, casi siempre para cuestionarlos.
Frente a las FARC respalda una impunidad que ella llama justicia. La JEP declaró a los siete últimos jefes del secretariado responsables de crímenes de guerra y de lesa humanidad y les impuso ocho años de sanciones sin cárcel. Carrascal llamó hito a esa sentencia, aunque la ONG Hijos de los Héroes la describió como la culminación de un proyecto de impunidad y víctimas como Sigifredo López reclamaron que no hubo medidas realmente reparadoras. En 2018 ya se burlaba de quienes decían que la JEP fue hecha para garantizar la impunidad de las FARC.
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